30 de abril de 2012

Se desató guerra de discos duros virtuales que almacenan archivos en "la nube"


El mundo de los discos duros virtuales vivió su semana más agitada en años. Junto con el lanzamiento del nuevo servicio Google Drive, los principales actores en este mercado anunciaron mejoras para enfrentar la dura competencia.

Los discos duros virtuales almacenan en el ciberespacio toda clase de archivos para tenerlos siempre a mano. Sólo es necesaria una conexión a internet para mirarlo, bajarlo o editarlo.
Google Drive debutó con la oferta de 5 gigas de espacio gratis, ampliable por un pago mensual. Su gran apuesta es la integración con Google Docs, la que permitiría incluso editar el mismo documento a dos personas al unísono.
Una aplicación descargable lo convierte en una carpeta ubicada en el computador a la que se le pueden añadir archivos con sólo "arrastrar y soltar", Además funciona con dispositivos Android y pronto estará disponible para el iPhone.
"Google Drive está diseñado para trabajar sin problemas con todos los servicios de Google. Puedes adjuntar fotos desde Drive a Google+, y pronto se podrá conectar con Gmail.
También es una plataforma abierta, así que estamos trabajando con desarrolladores para crear nuevas aplicaciones", explicó Sundar Pichai, vicepresidente de Chrome y Apps en Google.
Microsoft reaccionó lanzando mejoras para su servicio Skydrive. Si bien redujo el espacio de 25 GB a 7 GB, sumó la posibilidad de bajar una aplicación para tener una carpeta en el escritorio al estilo Dropbox o Google Drive. Además, ahora es posible subir archivos más grandes, de hasta 3 GB.
Dropbox, en tanto, incorporó la posibilidad de compartir archivos en forma pública, esto significa que no es necesario tener una cuenta para acceder a ellos. El viernes anunciaron otra mejora: ahora es posible subir fotografías y videos, los que se pueden extraer automáticamente desde la cámara.
El mercado de "la nube" tiene otros actores menos conocidos, como Minus, un servicio que se conoce poco en Chile, pero que sus usuarios alaban. Ofrece 10 GB y herramientas que privilegian el uso y el intercambio de videos y fotos. Además, se pueden agregar amigos, como si fuese una red social. Es el servicio más rápido de todos.
No confiar a ciegas
Si bien los discos duros virtuales son una solución eficiente para almacenar archivos, los expertos aconsejan mantener respaldados los documentos más importantes en pendrives o discos duros externos.
Estos resguardos son necesarios porque, en el caso de los servicios gratuitos, hay una responsabilidad limitada en caso de corte de servicio o pérdida accidental de los archivos.
"Cuando se enfrentan situaciones no contempladas, como el extravío de información, muchas veces estos servicios sólo ofrecen un 'buen esfuerzo' o una 'buena disculpa'", dice Carlos Regonesi, director comercial de Cloud Computing de SONDA.
Según el ejecutivo, servicios profesionales como los "cloud empresariales" garantizan la disponibilidad de los archivos y responden incluso financieramente ante un problema.
¿Y la privacidad?
Tras el lanzamiento de Google Drive se desató la polémica, ya que en sus "términos de servicio" señalan que podrían hacer amplio uso de los archivos almacenados.
El texto dice que al aceptar las condiciones "concedes a Google una licencia mundial para usar, alojar, almacenar, reproducir, modificar, crear obras derivadas, mostrar públicamente y distribuir dicho contenido". Los otros servicios en "la nube" explicitan que podrán acceder a los archivos, pero sólo en casos excepcionales y para garantizar la continuidad del servicio.
Según Alexandre Gandra, gerente de Operaciones de GoNow Tech, "es necesario que las empresas que proveen estos servicios especifiquen claramente si la información es propiedad de los usuarios, para así resguardar su privacidad y propiedad intelectual".
Fuente: El Mercurio

28 de abril de 2012

Amante y guardiana: Matilde Urrutia, la mujer que disciplinó a Neruda

La Fundación Neruda lanza libro sobre su tercera y última esposa, a 100 años de su nacimiento.



Pocas horas después de morir, Pablo Neruda yacía en una camilla ubicada en un pasillo de la Clínica Santa María. Seguía vestido. Era 24 de septiembre de 1973 y afuera Santiago estaba tomado por la Junta Militar. Acurrucada junto al cuerpo del poeta estaba su viuda, Matilde Urrutia. Dormitaba aferrada al cadáver. Prácticamente estaba sobre él. No es que quisiera retenerlo en vida, hacía lo que venía haciendo hacía 20 años: lo protegía. Con uñas y dientes.
Cuando apareció por la clínica Hernán Loyola, biógrafo del poeta, Matilde seguía sola. Loyola la vio asustada, pero cuidando con fiera determinación que nadie osara apropiarse de su marido. Lo iban a intentar: Pinochet y compañía quisieron darle un funeral de Estado a Neruda. Ni pensarlo. Tras el golpe, la mujer del autor de Estravagario tuvo un cambio radical: después de pasar 60 años alejándose de la política, en especial del Partido Comunista, Urrutia hizo suyo el patrimonio ideológico de Neruda y puso al servicio de la disidencia la dureza e intransigencia que tanto molestaron al círculo cercano del poeta.
Mujer controvertida, Urrutia entró por la ventana a la vida de Neruda y terminó sujetando las riendas. Amante por años y luego esposa, a “la Patoja” la “odiaban los amigos” del escritor, cuenta Loyola. “Era dura y difícil, pero le hizo bien a Pablo porque lo disciplinó”, agrega. El sobrino del poeta, Bernardo Reyes, suma: “Se la ve como la sombra del poeta, la provinciana torpe que pasó a ser la arribista que aprendió el balbuceo poético. Fue mucho más: fue determinante en los últimos años de Neruda”.
Fallecida en 1985, el próximo jueves 3 de mayo se cumplirá el centenario de su nacimiento, y para recordarla la Fundación Neruda, que ella misma impulsó, publica Fue tan bello vivir cuando vivías, libro con la biografía de Urrutia. Con textos de Darío Oses, el volumen hace foco en los años de la viuda Matilde: se reproducen cartas de condolencias de escritores como Julio Cortázar, Jorge Amado, Rafael Alberti y Arthur Miller; se relata su trabajo en la edición final de las memorias del poeta y la publicación de sus libros póstumos; es perfilada como una embajadora cultural que se codea con Mario Vargas Llosa y William Styron, y se muestra su papel en la resistencia a Pinochet. La culminación heroica de una mujer que primero pasó por el infierno.
Amante, viuda
El destino era Panamá. Solo llegaron a Perú. El Oper Ballet era un espectáculo de variedades, integrado por jóvenes chilenas, casi todas menores de edad. En 1944, la gira terminó abruptamente en el puerto de Callao: el consulado chileno se enteró de los hechos y mandó de vuelta a Chile a las muchachas. Según una investigación del escritor Sergio Gómez, las jóvenes también prestaban servicios sexuales y a su cargo estaban un argentino y Matilde Urrutia.
Tenía 32 años y venía de intentar una carrera como cantante que jamás resultó. Tocó fondo en Callao, pero se reinventó. En 1946, Matilde conoció a Neruda en un concierto al aire libre, en el Parque Forestal de Santiago. La pelirroja llamó la atención del poeta, que llevaba una década con Delia del Carril, la pintora 20 años mayor que lo acompañó en su exilio. Estando con ella, Neruda consolidó su imperio poético y publicó, entre otros, Canto general. Luego reapareció Matilde.
En 1949, Urrutia estaba en México, quemando sus últimos cartuchos como cantante. Cuando Neruda llegó por allá, fue a saludarlo. Al poco tiempo asumió como su enfermera, mientras padece una tromboflebitis. A los pocos meses inician un romance que tendrá consecuencias: días antes de que Delia y Pablo se embarquen a Europa, a inicios de 1951, Urrutia le cuenta al poeta que espera un hijo de él. Lo perderá. Con los años, Matilde perderá otros dos hijos de Neruda.
“Yo pienso en ti día y noche, noche y día, amor mío”, le escribe Neruda desde Francia a Matilde. Y le envía un pasaje para que se le sume en su estadía en Europa. No hay vuelta atrás. A espaldas de Delia y, según Loyola, con la complicidad de los aparatos de seguridad del comunismo, incluida la Stasi, el poeta y Urrutia consolidan su amorío. El punto cúlmine llega en Capri, en 1952, donde se casan simbólicamente y Neruda publica una edición privada deLos versos del capitán.
Solo tres años después, Delia del Carril se enterará del engaño. En ese tiempo, la relación entre Matilde y Neruda se ha consolidado hasta el punto de tener una casa, La Chascona. Según Loyola, solo Delia lo entiende como un quiebre: “En cartas, Pablo le ruega a Delia que no se vaya, le dice que Matilde está dispuesta a vivir en las sombras. Pretendía seguir con ambas relaciones”, dice el biógrafo.
En febrero de 1955, Neruda se mudó a La Chascona con Matilde. Fue un cisma en el imperio. “La separación impactó mucho al entorno nerudiano”, recordó Volodia Teitelboim. Tomás Lagos, Diego Muñoz, Acario Cotapos y varios amigos cercanos al poeta salieron de su vida. Como dice Bernardo Reyes, la “hosca y distante” Matilde se convirtió en un “murallón”: echó a la bohemia que lo rodeaba y administró su tiempo. En los años con Urrutia, Neruda publica más del doble de libros de los que escribió antes. Aunque la esposa intenta ahuyentar a las mujeres, no puede: a fines de los 60, Neruda la engaña con su sobrina, Alicia Urrutia.
Matilde pasa por alto la traición. Tendrá su pequeña venganza: votará por Radomiro Tomic, el candidato DC, en la elección presidencial de 1970. El mundo sigue girando, Neruda gana el Nobel, el cáncer lo arrincona y en 1973 cae el golpe. Al morir, ella lo protege con uñas y dientes, y lo vela entre los escombros de La Chascona, devastada por los militares.
La fundación
Hasta su muerte en 1985, viajará por el mundo como la viuda del poeta. En Chile tiene un “fuero” y despliega una fuerte oposición. En 1978 hizo una huelga de hambre de 48 horas en la embajada de Estados Unidos, junto a la dirigenta de DD.HH. Ana González. Según Reyes, financia de su bolsillo a la oposición, además de traer dineros del extranjero. Rescata la casa de Isla Negra de manos de los militares y publica los inéditos de su esposo. Antes de fallecer en enero de 1985, Urrutia ya ha contactado al abogado Juan Agustín Figueroa y juntos han elaborado el testamento que formula los estatutos para crear la Fundación Pablo Neruda.
Fuente: La Tercera




27 de abril de 2012

El poderoso antirretrato

No hubo rey ni hubo antipoeta en la ceremonia en que se le concedió el premio cervantes a nicanor parra. tiene sentido. Sus mejores textos son los que hablan de la desaparición  y la renuncia, los que están escritos desde la comarca del abandono.


“¿Se considera Ud. acreedor al premio Cervantes?/ -Claro que sí / -Por qué/ -X un libro que estoy X escribir”, lee Cristóbal Ugarte, el Tololo, el nieto de Nicanor Parra frente a lo que queda de la rancia corona española. Puede que por ahí -tal es mi esperanza- esté sentada la Duquesa de Alba. El Cervantes de este año es una ceremonia fantasma, una anticeremonia: el invitado no aparece y el anfitrión está en cualquier parte. Nicanor Parra decide no viajar a España, el rey está operado de la cadera o escondido por toda esa vergüenza merecida, todo se realiza in absentia. Todo es extraño, maravilloso y tardío; el premio, el vacío que deja Parra y que su nieto hace notar con cierta sorna, la idea hipster de que Patti Smith ande por ahí.
Por supuesto, todo también es decididamente parriano. Los mejores textos de Parra -o los que más me gustan, al menos- son lo que hablan de la desaparición y de la renuncia, los que están escritos desde la comarca del abandono: hombres imaginarios, predicadores que hablan desde los escombros del misticismo, países que sólo son bocetos, reyes que se pierden en el páramo. Es divertida esta ausencia. No hay ruptura ahí, aquello nos es cómodo. Por eso los Artefactos nos explotan en la cara; por eso, hay momentos en que el Cristo del Elqui habla de modo pavorosamente parecido a Don Francisco; por eso, mientras Neruda quiere ser nuestro corazón, Nicanor Parra es nuestro sudor frío: “Mientras escribo la palabra mientras /y los diarios anuncian el suicidio de Pablo de Rokha /vale decir el homicidio de Carlos Díaz Loyola (...) mientras escribo la palabra mientras /aunque parezca un poquito grandilocuente /pienso muerto de rabia/ así pasa la gloria del mundo/ sin pena /sin gloria / sin mundo / sin un miserable sándwich de mortadela”, anota Parra por ahí.
Pero hay nitidez (“claridad”, diría el Parra de los años cincuenta) en esa trampa para cazar conejos que es su obra, unas nitidez que nos devuelve a nosotros mismos. Mientras miraba a su nieto hablar, recordé cuando leí por primera vez a Parra. Me acordé de que por alguna razón mi padre siempre citaba “Autorretrato” (1954). Mi padre había sido profesor de la sede de la Universidad de Chile en Valparaíso y lo habían echado de ahí para el golpe militar. Mientras mis hermanos y yo crecíamos, mi madre y él hicieron clases en colegios de todo tipo. “Autorretrato” siempre estaba a la vista en la casa, me imagino que ellos lo pasaban en clases. Ahora me doy cuenta de por qué: esos versos eran el mundo en que él y mi madre vivían, esa lengua de Parra era la que se hablaba en la casa y con la que me criaron. Ese poema donde el hablante es un maestro de escuela ahogado por el polvillo de la tiza, exhausto y “embrutecido por el sonsonete / De las quinientas horas semanales” podía ser leído como un retrato colectivo, como el esbozo de esa novela necesaria que aún falta sobre los profesores chilenos. En mi memoria, la distancia entre la literatura y la vida se ha disuelto. No hay paradoja alguna ahí: el zen de Parra es la perplejidad de un humor horroroso e hiperreal.
Cuando vi a su nieto en televisión, ese humor de “Autorretrato” -en una hoja de papel mimeografiada, en alguna copia de “Obra gruesa” descosida- me vino de golpe a la cabeza. Recordé que nunca descubrí a Parra porque en realidad siempre estuvo ahí. No creo haber sido el único al que le pasa esto. Quizás el sentido fundamental que tuvo el Premio Cervantes para mí fue aquello: más allá de la comedia de las vanidades literarias, más allá de esa pompa que se exhibe como un chiste en otro continente; en esta ceremonia imaginaria no queda otra que recordar por qué la literatura siempre es la más poderosa de las fotos de familia.

Fuente: Qué Pasa