28 de septiembre de 2011



SALONICA 2011
No te pierdas hoy la serie de charlas y actividades para la Escuela Diseño Plaza Oeste.




BELLAS ARTES EXPONE CERCA DE 200 FOTOS DE KERTÉSZ, MAESTRO DEL SIGLO XX

Admirado por Cartier-Bresson, fue pionero del fotoperiodismo.




Se sintió menospreciado, incomprendido. El húngaro André Kertész llegó a EEUU en 1936, dispuesto a continuar su brillante trabajo, que en París lo había convertido en uno de los fotógrafos más vanguardistas de la escena. Nunca pudo adaptarse al mundo editorial norteamericano.
Tuvo problemas para aprender inglés y en las revistas sólo le ofrecían fotografiar diseños de interiores, una tarea poco desafiante para a quien siempre le interesó el juego con las formas y las perspectivas. Así y todo, trabajó para Harper's Bazaar y House & Garden. Tuvo que aceptar otros desaires: como cuando en dos oportunidades las revistas Vogue y Life ocuparon sus fotos sin mencionar su nombre. Lo más duro ocurrió en 1955, cuando su colega Edward Steichen lo omitió en la famosa muestraThe family of man, que reunió fotos de Dorothea Lange, Irving Penn y su compatriota, 19 años menor, Robert Capa.
El mismo Kertész calificó su período en EEUU como una "verdadera tragedia". Eso sí, no dejó de disparar con su cámara. Desde su departamento en Washington Square hizo algunas de sus fotos más famosas.
Varias de ellas se exhiben ahora en El doble de una vida, la muestra que reúne alrededor de 200 fotos del artista húngaro, uno de los maestros de la fotografía del siglo XX y que se inaugura el 13 de octubre en el Museo de Bellas Artes.
La muestra, enmarcada dentro de la Semana Francesa que organiza la Cámara Franco-Chilena, tiene obras provenientes del archivo que Kertész donó al Estado de Francia en 1984 y que se exhibieron a principios de este año en el museo Jeu de Paume de París. "La muestra refleja la intensidad y energía con la que vivió Kertész. Fue pionero de varios movimientos y estableció las bases del fotorreportaje que se usa hasta hoy", dice el fotógrafo Luis Weinstein, uno de los impulsores de la muestra junto a la gestora cultural Verónica Besnier.
La exposición recorre toda la trayectoria de Kertész. Desde sus inicios en Hungría como fotógrafo autodidacta, luego de abandonar su carrera como corredor de Bolsa, pasando por su vida en París, en los años 20, donde formó parte del surrealismo y su paso por EEUU, país que dejó en 1962.
Al volver a París, Kertész se reencontró con sus viejos negativos, los que le devolvieron la fama. En dos años, hizo exposiciones en varias partes del mundos. Al fin, en 1964, fue reivindicado con una retrospectiva en el MoMa de Nueva York.
El esplendor francés
En París, Kertész se relacionó con Marc Chagall, Piet Mondrian y el cineasta Sergei Eisenstenin. Deslumbró a los surrealistas con la serie Distorsiones: retratos de mujeres y hombres desfigurados por el uso de espejos cóncavos y convexos. "Su fotografía es directa. Manejó bien la técnica y tiene una claridad impresionante para componer los elementos, sin artificio", dice Weinstein. "Fue maestro de Brassai, otro húngaro prodigioso, y admirado por Cartier Bresson, quien decía que cada vez que descubría algo en fotografía se daba cuenta de que Kertész ya lo había hecho antes", agrega.
En sus últimos años, Kertész siguió experimentando. Incursionó en la foto a color, alrededor de 20 de ellas se exhibirán en Chile, y en los 80 usó una cámara Polaroid. Con ella siguió representando la simplicidad de la vida, con tono nostálgico, y volvió a deformar la realidad, igual que en los años 20. "El momento siempre dictamina mi obra. Lo que yo siento, eso hago. Todos pueden mirar, pero no siempre ven. Yo escribo con la luz", decía.

André Kertész

Nace en Budapest en 1894. Fotógrafo autodidacta. En 1925 emigra a París, formando parte del grupo dadaísta. A fines de los años 30 se radica en EEUU y trabaja para la editorial de Condé Nast. Fue maestro de Brassai y admirado por Cartier-Breson. Expuso en el MoMa de Nueva York y en el Centro Pompidou de París. Murió en 1984.

27 de septiembre de 2011

LOS TEXTOS BÍBLICOS MÁS ANTIGUOS QUE SE CONOCEN AHORA SE PUEDEN REVISAR EN INTERNET

Los rollos del Mar Muerto, considerados como uno de los más grandes hallazgos del siglo XX, están disponibles desde ayer para que cualquier internauta pueda conocer esta pieza fundamental de la historia de las religiones monoteístas actuales.
Escritos entre el siglo IV y III antes de Cristo, los rollos permanecieron ocultos desde el año 68 (d. de C.) en 11 cuevas de Qumran (cerca del Mar Muerto). Eso hasta que un par de pastores los encontró en 1947 y varias expediciones científicas descubrieran más rollos en otras cuevas.
Desde 1965, estas piezas están bajo la tutela del Museo Nacional de Israel, donde se conservan en condiciones de humedad y temperaturas similares a las de las cuevas.
Pero a partir de ayer, cinco de esos ocho rollos están digitalizados y disponibles en internet gracias al proyecto "Manuscritos del Mar Muerto en línea", que tuvo un costo de US$ 3,5 millones y fue ejecutado por el museo en conjunto con Google.
La labor de digitalizar los rollos de cuero manuscritos fue encargada al fotógrafo Ardon Bar-Hama, quien obtuvo imágenes de 1.200 megapixeles (200 veces más que una cámara convencional). El experto usó un flash cuyo destelló es brevísimo (1/4000 segundos) y no genera luz ultravioleta, para no dañar las piezas.
Los cinco rollos digitalizados son los manuscritos del Libro de Isaías (el que se mantiene en mejores condiciones), el de la Guerra, el del Templo, el de las Normas de la Comunidad y el Comentario de Habacuc.
Las imágenes pueden ser ampliadas al punto de ver la textura del cuero donde fueron escritas. Cada libro cuenta con una explicación en inglés y un video. En el caso del Libro de Isaías, está disponible una traducción literal al inglés, incluso se puede hacer búsqueda por palabra clave, que lleva al segmento del rollo donde se encuentra dicha palabra.
"Los rollos nos transmiten la experiencia religiosa y social de una comunidad que se había apartado de las prácticas religiosas habituales, para buscar una pureza mayor", dice el padre Samuel Fernández, académico de la Facultad de Teología de la U. Católica.
Según el estudioso, estas piezas permiten conocer el lenguaje, las ideas y las esperanzas de una comunidad (los esenios) que tuvo cierto parentesco con la primera comunidad que siguió a Jesús. "Permiten conocer con mayor precisión las semejanzas y diferencias del cristianismo con otros movimientos contemporáneos", aclara Fernández.
Si bien el académico aclara que los textos contenidos en los rollos hace tiempo fueron editados y publicados en varios idiomas, la importancia de estas piezas es que se pueden ver en el estado real en que se conservan.
"En los rollos se encuentran textos de la Biblia hebrea, es decir, nuestro Antiguo Testamento, en una versión muchísimo más antigua de la que se poseía anteriormente (...) Por otra parte, hay textos que no son bíblicos -escritos propios de la comunidad-, que reflejan sus creencias, convicciones y esperanzas", señala el religioso.
En el futuro, Google y el museo esperan traducir el resto de los textos a otros idiomas, y digitalizar los tres rollos restantes y otros documentos encontrados en Qumran y que están en manos de otras instituciones.