2 de mayo de 2012

El difícil camino al éxito

Tres jóvenes transitan por Nueva York. En sus mochilas llevan un cargamento de un exclusivo hongo, llamado morchella. Lo producen en la precordillera de Puerto Montt, donde viven, y quieren introducirlo en el mercado estadounidense. Ahí, en la capital del mundo, hacer realidad los sueños no es tan fácil.

Llueve torrencialmente afuera de La Guardia, uno de los aeropuertos de Nueva York. El agua cae como no lo hacía en meses, y el caos en el terminal aéreo abunda. Largas filas, demoras en los despegues de hasta dos horas, y turistas con poca paciencia dominan la sala de espera. En un rincón de este desorden, sentados en el suelo, dos jóvenes de baja estatura se camuflan con la escena neoyorquina: con amplias chaquetas, pantalón de buzo, gorros donde se leen las iniciales de los Yankees -el principal equipo de béisbol de la ciudad-, y audífonos al cuello. Ellos podrían ser vecinos de una de las cinco áreas de la megaciudad. Podrían venir de Queens o de algún grupo de hip hop, pero son chilenos y empresarios.
Sergio Torres y Stefano Ojeda esperan que su vuelo, que los traerá de regreso a Chile, pueda partir a tiempo. Junto a su socio Felipe Rojas, quien deambula por la sala de espera, llevan una semana en Nueva York y el cansancio es evidente.
Desde que aterrizaron en la ciudad, el lunes 16, han dormido un par de horas cada día. Han caminado hasta altas horas de la madrugada mirando cada rincón de Manhattan. Es su primer viaje fuera de Chile, uno de los pocos fuera de su natal Puerto Montt, y la llamada “capital del mundo” y sus letreros de neón sorprenden a cualquiera.
Pero ellos, pese a su corta edad -no superan los 18 años- no vinieron a turistear. Al menos no el 100% de su tiempo. Llegaron a Nueva York en búsqueda de ese cada vez más esquivo sueño americano, con un producto poco conocido, pero que ellos pretenden situar en cada tienda gourmet especializada: el hongo morchella en conserva.
Fue esa idea la que les dio el pasaje a Estados Unidos. Premiados por Endeavor, en alianza con su homóloga estadounidense NFTE (Network for Teaching Entrepreneurship), Sergio, Felipe y Stefano llegaron a Nueva York para promocionar su producto y su empresa “Mi Tierra Gourmet”. Cargaron una maleta con 70 frascos y partieron a esa ciudad a tocar puertas.

Los ganadores del reality

Motivados por la posibilidad de formar una empresa, los en ese entonces tres estudiantes del Liceo Comercial Miramar de Puerto Montt comenzaron a tirar ideas de emprendimiento. Hasta que Stefano recordó que en Llanada Grande, al este de la capital regional y donde vive su familia, crecía una seta que, comercialmente, tenía potencial. Cada año, durante el segundo semestre, las familias de la zona se volcaban por completo a la recolección de la morchella, el segundo hongo más caro del mundo después de la trufa, para luego secarlas y exportarlas. Ahí estaba la oportunidad, pensaron.
Con esa idea en su cabeza, partieron al Primer Campamento de Emprendimiento Juvenil en Chile, organizado por  Endeavor Chile, Fundación Chile, Network for Teaching Entrepreneurship (NFTE) y Latitud 90, que se realizó durante 12 días en enero pasado, en la Viña Matetic, cerca de Casablanca.
Ese martes 17 de enero el encuentro parecía un reality: había concursantes, competencias, actividades deportivas y muchos momentos de convivencia, además de clases de marketing, contabilidad y economía. Pero en estricto rigor no era un espacio de telerrealidad. Allí nadie aparecería en la televisión.
No obstante, tenía similar intensidad: el premio era grande y los estudiantes y profesores que competían lo sabían bien. Se trataba de 22 estudiantes de entre 16 y 18 años, provenientes del sur y divididos en seis grupos que trabajaron durante el segundo semestre de 2011 sus distintos proyectos de emprendimiento para poder presentarlos en esa ocasión y tratar de obtener el premio mayor: realizar sus proyectos y viajar, en abril, a la gala de NFTE en Nueva York, junto a otros emprendedores de todo el mundo, donde podrían mostrar y negociar su producto.

Enseñando a emprender

Pero esta historia comenzó mucho antes. En 2009, Jorge Pacheco, un emprendedor que trabaja en Puerto Montt junto a otros empresarios de la zona, se dio cuenta de que muchos de los estudiantes que egresaban de los liceos técnicos y llegaban a sus empresas no tenían los conocimientos necesarios. Entonces decidieron organizar un consejo para la educación en la ciudad, con el objetivo de ayudar a mejorar la calidad de la educación de estos establecimientos. Fue ahí cuando conversaron con Alan Farcas - ex director ejecutivo de Endeavor- para ver cómo ellos podían ayudarlos. Surgió la idea de preparar un programa donde se impartieran conocimientos, pero también enfocado en el tema de la actitud. “Porque esto no sólo se trata de saber sobre marketing o contabilidad -explica Macarena Carrió, gerenta de Educación de Endeavor Chile-, sino que tiene que ver con una actitud de vida”.
Lo que vino después fue que la organización postuló a un fondo Corfo y se asoció con Fundación Chile para armar un programa que, desde el año pasado, pasó a ser parte de la malla curricular de la enseñanza media de los siete liceos técnicos que hay en Puerto Montt.
Hoy, el programa no sólo se realiza en esa ciudad, sino  también en Puerto Natales, Puerto Aysén, La Unión y Ovalle. Y el año pasado, además de Endeavor, Fundación Chile y el Consejo Empresarial para la Educación, también se agregaron al programa de NFTE.

Y el ganador es…

Ése fue el preámbulo del sueño americano que pretenden conseguir Stefano, Sergio y Felipe. Ellos, como todos los participantes del reality del verano pasado, trabajaron por una semana en la presentación que hicieron ante un jurado, compuesto por Marcos Kulka (Fundación Chile), Alan Farcas y Julie McPherson  (Endeavor), Pilar Marambio (Maraseed), Felipe Henríquez (Groupon), y Juan Pablo Hess (Ernst & Young). En una pequeña sala de la Viña Matetic, a eso de las 11 de la mañana, fueron pasando uno a uno los seis grupos, que se pararon frente al jurado y presentaron su proyecto.
Hubo nerviosismo. Hubo manos que temblaban. Hubo momentos donde no recordaban lo que habían memorizado, así que miraban el PowerPoint que los acompañaba y seguían. Eran proyectos que iban desde construir rejas y protecciones, hasta el reciclaje de papel para mejorar las bibliotecas de sus liceos. Ellos hablaban y luego el jurado les hacía preguntas, les pedía explicaciones, los motivaba a seguir.
A las tres de la tarde los reunieron a todos en el campamento. Entonces, Felipe Henríquez, de Groupon, tomó la palabra, los felicitó, los alentó, les dijo que podían cambiar el mundo, que no era imposible. Y lo esperado por semanas, por meses, finalmente iba a ocurrir. Dijo el nombre del grupo ganador: “Mi Tierra Gourmet”. Stefano, Felipe, Sergio y Tales, el profesor que los guió, se abrazaron con fuerza. Pronto volverían a Puerto Montt, pero meses después estarían subiéndose al avión que los llevaría a Nueva York.

Sorry, we´re closed

A las 11 de la mañana del martes pasado era la cita en Puro Chile, la tienda de productos chilenos en Manhattan. Los chicos se levantaron temprano. Era su primera reunión de negocios y debían ser puntuales. Tomaron el metro hasta Chinatown  y cinco minutos antes de lo programado llegaron a la tienda. Un letrero que reza “Sorry, we´re closed” fue lo primero que vieron. El local, dirigido por Jorge Pizarro abre al mediodía.
Para vender un producto en EE.UU. se necesita contar con un importador autorizado, tener la aprobación de la FDA, un representante legal, y un etiquetado acorde a los estándares nutricionales estadounidenses, entre otras cosas. El sueño americano requiere de burocracia.
Golpearon la puerta, y al cabo de unos minutos, Jorge los recibió. Les mostró el lugar, escuchó sus ideas y plan de negocios. Después les contó cómo funcionan las cosas en Estados Unidos: se necesita contar con un importador autorizado, tener la aprobación de la FDA (organismo que certifica los alimentos y medicamentos que se venden en el país), un representante legal, y un etiquetado acorde a los estándares nutricionales gringos, entre otras cosas. El sueño americano requiere de burocracia.
Agregó, además, que tal como estaba el producto, no era posible venderlo en su tienda, pero les recomendó ir a locales gourmet, como Dean & Deluca o Eatly, para ver cómo  venden la morchella. También les hizo un favor: llamó a su amigo Sisha Ortúzar, chef chileno dueño del restorán Riverpark, y le pidió que recibiera a los emprendedores. El viernes a mediodía tendrían su cita.
La semana en Manhattan se redujo a visitar tiendas gourmet y a un poco de turismo. El estadio de los Yankees y el Empire State fueron puntos obligados. El viernes, tal como acordaron, visitaron al chef en su restorán.
Nuevamente, como en las anteriores reuniones, presentaron su empresa y el producto. Sisha, con 16 años trabajando en Nueva York, usa regularmente el hongo morchella en sus platos. Les comentó que él lo compra a granel a US$ 140 la libra (poco menos de medio kilo), provocando que los ojos de los emprendedores se abrieran ansiosos. “Si quieren entrar a este rubro, tienen que competir por precio”, les aconsejó.
Ellos, con un formato más pequeño, de 10 gramos, le ofrecieron venderle los 70 envases que llevaron a Nueva York. Sisha abrió uno, sacó un hongo y le botó el agua. “Está limpio, no tiene arena”, comentó positivamente antes de pegarle un mordisco. “La consistencia es buena, pero no tiene sabor. Se ha ido todo en el agua”, sentenció. A los pocos segundos dio un no como respuesta al ofrecimiento de venta. “No es lo que busco. No me sirve”, explicó más tarde.
La crítica de Ortúzar, digerida con los días, no desalentó a los jóvenes socios. Ya en La Guardia, a punto de abordar el avión que los llevará a Puerto Montt, reflexionan en los cambios que deben hacerle al producto. Entre los tres comentan lo aprendido y sacan lecciones a futuro. Quizás explorar formatos más grandes para llegar a los restoranes. Quizás agregarle especias, para marcar diferencia con la competencia italiana y española. O quizás buscar otros productos, como los piñones de La Araucanía, que en Nueva York nadie conoce. El sueño americano tiene aún un largo camino por recorrer.
Fuente: Qué Pasa

30 de abril de 2012

Se desató guerra de discos duros virtuales que almacenan archivos en "la nube"


El mundo de los discos duros virtuales vivió su semana más agitada en años. Junto con el lanzamiento del nuevo servicio Google Drive, los principales actores en este mercado anunciaron mejoras para enfrentar la dura competencia.

Los discos duros virtuales almacenan en el ciberespacio toda clase de archivos para tenerlos siempre a mano. Sólo es necesaria una conexión a internet para mirarlo, bajarlo o editarlo.
Google Drive debutó con la oferta de 5 gigas de espacio gratis, ampliable por un pago mensual. Su gran apuesta es la integración con Google Docs, la que permitiría incluso editar el mismo documento a dos personas al unísono.
Una aplicación descargable lo convierte en una carpeta ubicada en el computador a la que se le pueden añadir archivos con sólo "arrastrar y soltar", Además funciona con dispositivos Android y pronto estará disponible para el iPhone.
"Google Drive está diseñado para trabajar sin problemas con todos los servicios de Google. Puedes adjuntar fotos desde Drive a Google+, y pronto se podrá conectar con Gmail.
También es una plataforma abierta, así que estamos trabajando con desarrolladores para crear nuevas aplicaciones", explicó Sundar Pichai, vicepresidente de Chrome y Apps en Google.
Microsoft reaccionó lanzando mejoras para su servicio Skydrive. Si bien redujo el espacio de 25 GB a 7 GB, sumó la posibilidad de bajar una aplicación para tener una carpeta en el escritorio al estilo Dropbox o Google Drive. Además, ahora es posible subir archivos más grandes, de hasta 3 GB.
Dropbox, en tanto, incorporó la posibilidad de compartir archivos en forma pública, esto significa que no es necesario tener una cuenta para acceder a ellos. El viernes anunciaron otra mejora: ahora es posible subir fotografías y videos, los que se pueden extraer automáticamente desde la cámara.
El mercado de "la nube" tiene otros actores menos conocidos, como Minus, un servicio que se conoce poco en Chile, pero que sus usuarios alaban. Ofrece 10 GB y herramientas que privilegian el uso y el intercambio de videos y fotos. Además, se pueden agregar amigos, como si fuese una red social. Es el servicio más rápido de todos.
No confiar a ciegas
Si bien los discos duros virtuales son una solución eficiente para almacenar archivos, los expertos aconsejan mantener respaldados los documentos más importantes en pendrives o discos duros externos.
Estos resguardos son necesarios porque, en el caso de los servicios gratuitos, hay una responsabilidad limitada en caso de corte de servicio o pérdida accidental de los archivos.
"Cuando se enfrentan situaciones no contempladas, como el extravío de información, muchas veces estos servicios sólo ofrecen un 'buen esfuerzo' o una 'buena disculpa'", dice Carlos Regonesi, director comercial de Cloud Computing de SONDA.
Según el ejecutivo, servicios profesionales como los "cloud empresariales" garantizan la disponibilidad de los archivos y responden incluso financieramente ante un problema.
¿Y la privacidad?
Tras el lanzamiento de Google Drive se desató la polémica, ya que en sus "términos de servicio" señalan que podrían hacer amplio uso de los archivos almacenados.
El texto dice que al aceptar las condiciones "concedes a Google una licencia mundial para usar, alojar, almacenar, reproducir, modificar, crear obras derivadas, mostrar públicamente y distribuir dicho contenido". Los otros servicios en "la nube" explicitan que podrán acceder a los archivos, pero sólo en casos excepcionales y para garantizar la continuidad del servicio.
Según Alexandre Gandra, gerente de Operaciones de GoNow Tech, "es necesario que las empresas que proveen estos servicios especifiquen claramente si la información es propiedad de los usuarios, para así resguardar su privacidad y propiedad intelectual".
Fuente: El Mercurio

28 de abril de 2012

Amante y guardiana: Matilde Urrutia, la mujer que disciplinó a Neruda

La Fundación Neruda lanza libro sobre su tercera y última esposa, a 100 años de su nacimiento.



Pocas horas después de morir, Pablo Neruda yacía en una camilla ubicada en un pasillo de la Clínica Santa María. Seguía vestido. Era 24 de septiembre de 1973 y afuera Santiago estaba tomado por la Junta Militar. Acurrucada junto al cuerpo del poeta estaba su viuda, Matilde Urrutia. Dormitaba aferrada al cadáver. Prácticamente estaba sobre él. No es que quisiera retenerlo en vida, hacía lo que venía haciendo hacía 20 años: lo protegía. Con uñas y dientes.
Cuando apareció por la clínica Hernán Loyola, biógrafo del poeta, Matilde seguía sola. Loyola la vio asustada, pero cuidando con fiera determinación que nadie osara apropiarse de su marido. Lo iban a intentar: Pinochet y compañía quisieron darle un funeral de Estado a Neruda. Ni pensarlo. Tras el golpe, la mujer del autor de Estravagario tuvo un cambio radical: después de pasar 60 años alejándose de la política, en especial del Partido Comunista, Urrutia hizo suyo el patrimonio ideológico de Neruda y puso al servicio de la disidencia la dureza e intransigencia que tanto molestaron al círculo cercano del poeta.
Mujer controvertida, Urrutia entró por la ventana a la vida de Neruda y terminó sujetando las riendas. Amante por años y luego esposa, a “la Patoja” la “odiaban los amigos” del escritor, cuenta Loyola. “Era dura y difícil, pero le hizo bien a Pablo porque lo disciplinó”, agrega. El sobrino del poeta, Bernardo Reyes, suma: “Se la ve como la sombra del poeta, la provinciana torpe que pasó a ser la arribista que aprendió el balbuceo poético. Fue mucho más: fue determinante en los últimos años de Neruda”.
Fallecida en 1985, el próximo jueves 3 de mayo se cumplirá el centenario de su nacimiento, y para recordarla la Fundación Neruda, que ella misma impulsó, publica Fue tan bello vivir cuando vivías, libro con la biografía de Urrutia. Con textos de Darío Oses, el volumen hace foco en los años de la viuda Matilde: se reproducen cartas de condolencias de escritores como Julio Cortázar, Jorge Amado, Rafael Alberti y Arthur Miller; se relata su trabajo en la edición final de las memorias del poeta y la publicación de sus libros póstumos; es perfilada como una embajadora cultural que se codea con Mario Vargas Llosa y William Styron, y se muestra su papel en la resistencia a Pinochet. La culminación heroica de una mujer que primero pasó por el infierno.
Amante, viuda
El destino era Panamá. Solo llegaron a Perú. El Oper Ballet era un espectáculo de variedades, integrado por jóvenes chilenas, casi todas menores de edad. En 1944, la gira terminó abruptamente en el puerto de Callao: el consulado chileno se enteró de los hechos y mandó de vuelta a Chile a las muchachas. Según una investigación del escritor Sergio Gómez, las jóvenes también prestaban servicios sexuales y a su cargo estaban un argentino y Matilde Urrutia.
Tenía 32 años y venía de intentar una carrera como cantante que jamás resultó. Tocó fondo en Callao, pero se reinventó. En 1946, Matilde conoció a Neruda en un concierto al aire libre, en el Parque Forestal de Santiago. La pelirroja llamó la atención del poeta, que llevaba una década con Delia del Carril, la pintora 20 años mayor que lo acompañó en su exilio. Estando con ella, Neruda consolidó su imperio poético y publicó, entre otros, Canto general. Luego reapareció Matilde.
En 1949, Urrutia estaba en México, quemando sus últimos cartuchos como cantante. Cuando Neruda llegó por allá, fue a saludarlo. Al poco tiempo asumió como su enfermera, mientras padece una tromboflebitis. A los pocos meses inician un romance que tendrá consecuencias: días antes de que Delia y Pablo se embarquen a Europa, a inicios de 1951, Urrutia le cuenta al poeta que espera un hijo de él. Lo perderá. Con los años, Matilde perderá otros dos hijos de Neruda.
“Yo pienso en ti día y noche, noche y día, amor mío”, le escribe Neruda desde Francia a Matilde. Y le envía un pasaje para que se le sume en su estadía en Europa. No hay vuelta atrás. A espaldas de Delia y, según Loyola, con la complicidad de los aparatos de seguridad del comunismo, incluida la Stasi, el poeta y Urrutia consolidan su amorío. El punto cúlmine llega en Capri, en 1952, donde se casan simbólicamente y Neruda publica una edición privada deLos versos del capitán.
Solo tres años después, Delia del Carril se enterará del engaño. En ese tiempo, la relación entre Matilde y Neruda se ha consolidado hasta el punto de tener una casa, La Chascona. Según Loyola, solo Delia lo entiende como un quiebre: “En cartas, Pablo le ruega a Delia que no se vaya, le dice que Matilde está dispuesta a vivir en las sombras. Pretendía seguir con ambas relaciones”, dice el biógrafo.
En febrero de 1955, Neruda se mudó a La Chascona con Matilde. Fue un cisma en el imperio. “La separación impactó mucho al entorno nerudiano”, recordó Volodia Teitelboim. Tomás Lagos, Diego Muñoz, Acario Cotapos y varios amigos cercanos al poeta salieron de su vida. Como dice Bernardo Reyes, la “hosca y distante” Matilde se convirtió en un “murallón”: echó a la bohemia que lo rodeaba y administró su tiempo. En los años con Urrutia, Neruda publica más del doble de libros de los que escribió antes. Aunque la esposa intenta ahuyentar a las mujeres, no puede: a fines de los 60, Neruda la engaña con su sobrina, Alicia Urrutia.
Matilde pasa por alto la traición. Tendrá su pequeña venganza: votará por Radomiro Tomic, el candidato DC, en la elección presidencial de 1970. El mundo sigue girando, Neruda gana el Nobel, el cáncer lo arrincona y en 1973 cae el golpe. Al morir, ella lo protege con uñas y dientes, y lo vela entre los escombros de La Chascona, devastada por los militares.
La fundación
Hasta su muerte en 1985, viajará por el mundo como la viuda del poeta. En Chile tiene un “fuero” y despliega una fuerte oposición. En 1978 hizo una huelga de hambre de 48 horas en la embajada de Estados Unidos, junto a la dirigenta de DD.HH. Ana González. Según Reyes, financia de su bolsillo a la oposición, además de traer dineros del extranjero. Rescata la casa de Isla Negra de manos de los militares y publica los inéditos de su esposo. Antes de fallecer en enero de 1985, Urrutia ya ha contactado al abogado Juan Agustín Figueroa y juntos han elaborado el testamento que formula los estatutos para crear la Fundación Pablo Neruda.
Fuente: La Tercera