4 de abril de 2012

Editan colección popular de 12 libros de artistas contemporáneos chilenos


A los 11 años, Gonzalo Cienfuegos vivía detenido en el tiempo. Junto a su familia habitaba en la casa de sus abuelos maternos: una residencia con resabios de su antigua fortuna, muebles ingleses y cuadros clásicos de inicios del siglo XIX. Y aunque le gustaba la pintura, lo que había visto hasta entonces le parecía demasiado añejo y aburrido. Hasta que un día descubrió entre los regalos de cumpleaños de su madre un libro de Vincent van Gogh. Se le abrió el mundo. "Empecé a pintar sin saber nada. Me puse a copiar uno de los cuadros Puente levadizo sobre el Arles, que me pareció magia pura", dice Cienfuegos.

El desconocido detalle de su biografía es recordado por el pintor en un nuevo libro que recorre toda su obra, desde sus precoces inicios imitando a Van Gogh, pasando por su obsesión conLas meninas de Velásquez hasta su consolidación en el arte local con una obra siempre ligada a la cita de la historia del arte.
La monografía de Cienfuegos se enmarca dentro de la publicación de Grandes artistas contemporáneos chilenos, una colección de 12 volúmenes que se lanza hoy en el GAM y que será distribuida todos los miércoles, a partir del próximo 11 de abril, junto a La Tercera, más $ 3.990. A la primera edición de Cienfuegos le siguen otros pintores emblemáticos de la escena local como Samy Benmayor, Carmen Aldunate, Benito Rojo, Hugo Marín y Guillermo Núñez, entre otros.
Editado por La Tercera y la galerista Cecilia Palma, la colección es única en su especie. Hasta ahora se habían publicado series sobre arte chileno del siglo XIX, con maestros como Pedro Lira o Alfredo Valenzuela Puelma. El arte contemporáneo, sin embargo, estaba relegado a textos más bien teóricos.
"La idea es que estos libros lleguen a un público masivo. Son ediciones más bien visuales, dirigidas sobre todo a los estudiantes y a quienes están formando su biblioteca sobre arte chileno. Existe una carencia de libros de arte en Chile, además de que la mayoría se queda en la reflexión pesada y dura y se aleja del público común. Con esta colección se quiere difundir masivamente la pintura chilena actual", dice el académico y escultor Gaspar Galaz, quien estuvo a cargo de los prólogos de cada artista de la colección.
Mundos propios
Entrevistados por la periodista Verónica Waissblut, en cada monografía los pintores cuentan detalles de su formación, su método de trabajo y los hitos de su carrera. El resultado son 64 páginas que mezcla la biografía del artista con la reproducción de sus obras más representativas.
No es primera vez que Cecilia Palma, gestora del proyecto, incursiona en la línea editorial. Desde 2000, la galerista comenzó la edición de distintos libros sobre arte. Partió con la trilogía: Autorretratos, Paisajes y Naturaleza muerta. En 2008 editó el libro de bolsillo 50 artistas chilenos y en 2010 fue el turno de 50 escultores de Chile, entre otros títulos.
"Siempre he pensado que una galería de arte tiene que dejar un legado, más allá de las exposiciones, un registro visual permanente. Por eso comencé a editar libros. Siempre habían sido tiradas limitadas, esta es la primera vez que hacemos algo tan masivo: serán 100 mil ejemplares", cuenta.
Seleccionar a los artistas no fue fácil. Los requisitos contemplaban tener una obra reconocible y de gran poder visual, además de una trayectoria local e internacional exitosa y sostenida en el tiempo. Así y todo quedaron varios fuera. Pero ¿qué tienen en común estos pintores? Gaspar Galaz responde: "Nada. Y eso es lo interesante, son 12 personajes distintos, 12 circunstancias diferentes, cada uno tiempo su sello y su mundo propio. Cienfuegos, por ejemplo, tiene el arte de la cita, los espacios teatrales. Es una pintura aparentemente muy sencilla, pero misteriosa. Samy es la intuición, el que va solucionando problemas mientras va pintando y Ernesto Banderas es el maestro de la relación entre la gráfica, el color y la construcción del espacio interior", dice Galaz sobre la colección que se completa con las monografías de José Basso, Ricardo Yrarrázabal, Pablo Domínguez, Benjamín Lira y Gonzalo Ilabaca.

3 de abril de 2012

Los buscadores web del futuro sabrán con certeza lo que queremos encontrar


Detrás de un buscador como Google, hay cientos de algoritmos y miles de horas de programación para que el sitio más popular del mundo encuentre lo que la gente busca.

Es un trabajo de nunca acabar. Primero, porque la web está cambiando constantemente y hay que adaptarse a esos cambios, pero también porque los dueños de sitios siempre encuentran la forma para que su producto salga primero en los resultados de búsqueda, muchas veces sin merecerlo.
Consciente de ello, Google anunció cambios en su buscador; modificaciones que marcarán la pauta de lo que serán los motores de búsqueda del futuro. Lo más importante es que sabrán entender lo que el usuario realmente busca, una tendencia que también siguen otros buscadores como Yahoo!, Bing o el más revolucionario, Wolfram-Alpha; que en vez de entregar páginas como resultado, construye una respuesta coherente a partir de información en la red.
"Tim Berners-Lee, el padre de la web, vaticinó hace 10 años que en algún momento podrías preguntar al buscador con el lenguaje natural, tal como hablas, y éste te iba a dar respuestas útiles. De a poco, las cosas han ido hacia ese lado", dice el doctor Sebastián A. Ríos, director del Centro de análisis de redes sociales y minería de datos de la U. de Chile.
La tendencia une dos conceptos: búsquedas semánticas y búsquedas contextuales. Lo semántico tiene que ver con el significado de las palabras; es decir, si busco "vehículos económicos", el buscador tiene que saber que un Suzuki Maruti, un Peugeot 106 o un Chevrolet Spark lo son. "Se buscan asociaciones y relaciones entre palabras y se les da un rótulo. Es un gran trabajo de bases de datos, inteligencia artificial, minería de datos y hasta lingüística", dice Ríos.
La otra arista son las búsquedas contextuales, donde el buscador intenta conocer el entorno de quien está buscando para entregarle información que le sirva. Por ejemplo, si busco "bencina", actualmente saldrá en el buscador la definición en la Wikipedia o noticias sobre ese combustible. Pero lo que el usuario busca es la bencinera más cercana.
Los buscadores podrían asociar la búsqueda a un perfil de usuario, saber el sexo, la edad, el idioma, la ubicación geográfica y aprender de sus gustos, incluso -dice el doctor Ricardo Baeza-Yates, vicepresidente de Yahoo Research Europa y América Latina-, a partir de su historial de búsquedas pasadas. Todo con el objetivo de entregar un resultado personalizado y útil.
Fuente: El Mercurio

2 de abril de 2012

Un continente crónico

Dos antologías editadas en España -y, por ende, llegadas con atraso hasta este lado del mundo- confirman el buen momento de la crónica periodística en latinoamérica. Definir qué es crónica, bueno, ése es otro cuento.

Asoman en el horizonte dos nuevas antologías editadas en España de aquello que suele llamarse Nueva Crónica Latinoamericana. Una versión actualizada de esos relatos provenientes de las Indias, que tanto desconcierto causaban en la Corona al otro lado del Atlántico. Pero esta vez no son los adelantados ni los conquistadores quienes toman la narración, sino periodistas y escritores nativos que en los últimos años se han encargado de cruzar los límites del periodismo, dotándolo del ímpetu y de la energía de la literatura.
Sin embargo, Antología de crónica latinoamericana actual (Alfaguara) y Mejor que ficción (Anagrama) llegan bastante tarde. Como en España no editan para nosotros sino para sus fronteras, el tono que cruza la selección evidentemente es el asombro frente al estado de las cosas en las antiguas colonias o bien la forma que tienen de contar los nativos que han salido a recorrer el mundo en busca de historias para sus revistas o suplementos.
Si bien ambas recopilaciones tienen más aciertos que errores u omisiones en la selección de nombres, es imposible no advertir que, en general, los parámetros temáticos son los mismos que midieron al Boom Latinoamericano a comienzos de los 60: violencia, pobreza, sexo, drogas (y poco rock and roll), además de una micro llena de personajes estrafalarios.
En efecto, se trata de dos libros abundantes, con una serie de autores connotados. En el caso de los nacionales, encontramos textos de Alberto Fuguet, Juan Pablo Meneses, Cristóbal Peña, Pedro Lemebel, Alejandro Zambra y Cristián Alarcón. (¿Nadie les habló de Roberto Farías?) Mención aparte merece el prólogo de cada antologador: aunque tanto el español Jorge Carrión como el colombiano Darío Jaramillo declaran que van a pérdida si su trabajo propone un canon, de todas formas lo hacen. Una antología necesita elegir y, por lo tanto, discriminar.
Pero aquello es irrelevante comparado con el trabajo faraónico que implica siquiera intentar una definición de crónica en estos días. Y acá ambos libros recogen una serie de referencias que alumbran el camino en este empeño. Podemos describir a la crónica, pero todo esto es apenas una aproximación comparado con lo básico del oficio, pues una cosa es este llamado "periodismo de autor" y otra conseguir buena materia prima, la cual, como ocurre hasta con la más modesta noticia, sólo es posible mediante el reporteo. El que no sale a la calle, no juega.
Pasarán años antes de dar con la definición. Es mejor que así sea, pues quien define siempre encierra, y entonces el siguiente paso será el descubrimiento de la fórmula y la fabricación en serie de algo que, como las papas, sólo se da por acá.

Fuente: Qué Pasa