27 de marzo de 2012

Lo que dicen de ti las redes sociales

En los tiempos que corren, pocos con un mínimo acceso a la tecnología e internet pueden escapar de las redes sociales.


Se han convertido en una especie de ventana a través de la cual se divisa gran cantidad de información sobre nuestra vida y personalidad.
Es por ello que muchos psicólogos tratan de averiguar lo que esconden y, en especial aquellos dedicados al coaching y recursos humanos, aseguran que a través de ellas logran conocer la cara "real" del futuro empleado.


Los siete pecados
En una entrevista concedida el año pasado al diario estadounidense Wall Street Journal, Reid Hoffman, fundador de LinkedIn, dijo que las redes sociales reflejan los siete pecados capitales: Facebook es "ego", Zynga es "pereza" y LinkedIn es "codicia".
Isidro Maya, psicólogo social y analista de redes sociales de la Universidad de Sevilla, explicó a BBC Mundo que lo que en la práctica revela nuestra personalidad en internet es nuestro grado de interacción con otros perfiles.
"No hay nada virtual en las relaciones online. Si uno es un freaky en la vida real lo es virtualmente, si uno es extrovertido y se relaciona mucho también lo va a hacer mucho online", apuntó.
Uno de los rasgos que muchos psicólogos han destacado a través del análisis de las interacciones en la red es el narcisismo.
Es el caso los de investigadores de la Universidad Western de Illinois en Estados Unidos, quienes publicaron un informe titulado "El Narcisismo en Facebook: comportamiento antisocial y de autopromoción".

Personalidad "exhibicionista"

Según esta investigación, ciertos comportamientos en la red no sólo reflejan vanidad sino un narcisismo disfuncional, que se manifiesta en el modo en que seleccionamos a nuestros amigos en las redes, cantidad y frecuencia de actualizaciones, así como la interacción con otros usuarios.
El primer caso es el de la personalidad "exhibicionista", que tiende a aceptar cualquier invitación de amistad (cuanta más audiencia mejor) y a actualizar continuamente su perfil sin interaccionar mucho con los demás.

Un caso más grave es el de los usuarios "explotadores-agresivos". Estos también buscan tener una gran audiencia y además de ser "escuchados" exigen ser "respondidos", además raramente dan esa clase de reporte virtual a otros usuarios, lo suyo es recibir.
En ocasiones, señala el estudio, esta personalidad puede llegar a ser agresiva, reaccionando negativamente cuando alguien no comenta en su estado o respondiendo agresivamente a críticas en la red.
No obstante, psicólogos como Maya afirman que lo que genera este tipo de comportamintos sería parecido al "síndrome del famoso", personas públicas que al contar con una gran audiencia tienden a actuar con cierto narcisismo.
"Esto se acaba viendo en las redes sociales a nivel más reducido".

Ventanas a nuestro ser "real"

Recientemente, los psicólogos dedicados al coaching y recursos humanos también se han aficionado a hurgar en la red con el fin de evaluar la personalidad del futuro empleado.
"Las redes sociales son ventanas que muestran de forma más natural cómo se comportan las personas, ya sea para bien o para mal", afirma Alfonso Alcántara coaching de profesionales y emprendedores en reputación digital.
"Si un joven nunca publica en Facebook que se lo está pasando bien con sus amigos a lo mejor eso demuestra que no sabe relacionarse", explicó. "También pasa lo contrario, que se publica algo en internet y eso arruina su reputación".
"En principio, ya por estar en las redes se demuestra una personalidad más abierta, que está a la vanguardia", explicó.

Preferencia en redes

"Los que acuden más a Twitter suelen ser los que más interesados están por la información y los contenidos. Por su parte, los que usan más Facebook, son personas con más inteligencia emocional, ya que le dedican más tiempo a las personas que a los contenidos".

"Por otro lado, los que se dedican más a LinkedIn suelen ser personas más centradas en el negocio, personas que están enfocados en objetivos muy concretos".
En el caso de LInkedIn, donde muchos cuelgan su curriculum vitae, Alcántara señaló que aquellas personas que suelen presentarse con su título educativo en primer lugar demuestran "inseguridad".
"Es mejor poner tus habilidades, tu puesto de trabajo, si eres director o comunicador".

El triángulo de las bermudas

Pero uno de los elementos más importantes, señaló, es que esté balanceado lo que llaman el "triángulo de las Bermudas", es decir, que haya cierta coherencia entre la foto, el nombre y la biografía.
"Esas tres cosas influyen. Si soy una persona emprendedora salgo con una foto en el trabajo. Si pongo una en una piscina doy la impresión de que soy un vigilante de la playa, pero lo importante es que se alinee todo, que todo coincida".
Así que a la hora depedir trabajo, ya no basta con un buen traje y controlar los nervios en la entrevista, ya que una "entrevista paralela" se lleva a cabo en línea y puede detectar cualquier incoherencia en la información que proporcionamos a le empresa.


Fuente: BBC
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26 de marzo de 2012

De cada 1000 palabras, herramos hen trez


Ocurre mientras hablamos y, lógico, en nuestra voluntad. Nuevos estudios explican que la clave está en nuestro empeño por evitar decir ciertas cosas, a lo que se suman distracciones específicas y el estrés.

Siempre parece ocurrir en el momento más inoportuno. Frente a una persona atractiva o cuando usted quería decir algo inteligente, cuando tiene que discutir un aumento de sueldo con el jefe, justo en medio de la conferencia que le tocó dictar o en la reunión anual con sus ex compañeros de colegio, los mismos que no dejarán de molestarlo todo el año por haber confundido la palabra reducto con eructo en el discurso de bienvenida.
Es que nadie está libre de sufrir algún "incómodo" lapsus verbal, esos que afectan a deportistas, figuras de TV , presidentes y al más común de los mortales en situaciones casi siempre incómodas o complicadas. Desde los tiempos de Freud, los científicos vienen analizando el fenómeno, intentando descubrir por qué de cada 1.000 palabras que decimos, al menos dos o tres errores se deslizan contra nuestra voluntad. Al menos eso es lo que señalan estudios que han demostrado que, considerando que en promedio el discurso de una persona tiene 150 palabras por minuto, un lapsus verbal se presenta una vez cada siete minutos de conversación continua.
¿Las razones? Tres redes de conexiones cerebrales para el habla que se relacionan -y a veces superponen- desencadenan los errores, a lo que suman factores como la ansiedad y el estrés, además de intentar suprimir lo que pensamos. Una de las claves para entender el problema es reconocer que distracciones específicas desencadenan errores específicos: si está hablando con una mujer que le atrae lo más probable es que su lapsus tenga relación con el sexo opuesto y no con el clima.
Actos fallidos
Lo cierto es que a comienzos del siglo XX, Sigmund Freud se refería a lo que llamaba "actos fallidos" en su libro Sicopatología de la vida diaria (1901). Allí señalaba que estos lapsus eran una forma inconsciente de revelar nuestros deseos ocultos. Pero lo que el maestro de la sicología moderna interpretó como una suerte de "fuga" experimentada por nuestros más inconfesables deseos, resultó ser más bien un reflejo casi mecánico de nuestro empeño por reprimir pensamientos. Y eso explica por qué los lapsus lingüísticos suelen ser tan embarazosos.
Fue lo que comprobó un afamado estudio realizado en 1987 por el sicólogo de la U. de Harvard, Daniel Wegner. En su libro Osos blancos y otros pensamientos no deseados, relata cómo tras instruir a un grupo de sujetos a que no pensaran en un osito blanco -sí, se basó en la pregunta que se hacía Dostoievsky en Notas de invierno sobre impresiones de verano-, los individuos terminaban pensando en el intruso osito al menos una vez por minuto durante las horas siguientes al experimento.
Según el texto, cuanto más una persona suprime un pensamiento, mayor es la probabilidad de que termine verbalizándolo. Quizás por eso cuesta tanto mantener secretos de familia, resistir cuando alguien nos interroga o mantener esa confesión de "vida o muerte" que su amiga le susurró al oído siempre y cuando usted no se lo contara "a nadie. ¿Ya?". Wagner no está de acuerdo con Freud en que sea la naturaleza ilícita y oculta de nuestros pensamientos la que nos lleva a cometer lapsus.
Según sus experimentos, se concluye que siempre estamos imaginando escenarios negativos en nuestras mente, revisándolos una y otra vez para no cometerlos. "Para evitar estos escenarios no deseados, nuestro cerebro no tiene otra salida que repasar continuamente la situación", explica Wegner. Dicho de otro modo, la parte consciente del cerebro requiere ayuda del área inconsciente para chequear constantemente lo que en definitiva, daría origen a los lapsus verbales.
Se trata del mismo principio que usan los sicólogos para "implantar sueños" en las personas. La sicóloga de la U. de Harvard, Deirdre Barrett, explica que cuando alguien piensa en algo justo antes de irse a la cama, tiene muchas más probabilidades de soñar con aquello que desea. La técnica es usada para tratar fobias o depresiones.
Me pones nervioso
Otro factor que explica el fenómeno son las distracciones que enfrenta una persona. En la U. de California, Davis, el sicólogo David Motley reunió a un grupo de estudiantes hombres que debían tomar una prueba de palabras especialmente diseñada para cometer lapsus verbales (consiste en repetir una serie de frases con temáticas distintas). El truco fue que unos realizaban la prueba frente a una mujer atractiva y sugerentemente vestida, mientras que otros lo hacían frente a un hombre de mediana edad, barba medio crecida y una incipiente calvicie.
Aquellos frente a la mujer cometían más errores comparados con el otro grupo, pero -y aquí viene lo interesante- no se trataba de cualquier error: tendían a equivocarse más cuando debían repetir frases con algún sentido o significado sexual. Tras repetir el experimento introduciendo un escala para medir la ansiedad, descubrieron que era la ansiedad el factor que disparaba los lapsus. Excitados con el hallazgo, decidieron cambiar el experimento y la mujer fue reemplazada por ligeros shocks eléctricos (muy usados en pruebas de sicología). Sucedió que esta vez los errores se repetían más frecuentemente con temas relacionados a la electricidad.
Este estudio concluyó que, además de la supresión de pensamientos, el estrés, la presión y las distracciones llevan a que las redes del habla en el cerebro -semántica, léxica y fonólogica- se superpongan desencadenando los lapsus verbales. Cómo evitarlos es el dilema: mientras usted más piense en no resbalar, más probabilidades tiene de caer.
Fuente: La Tercera

23 de marzo de 2012

Las tendencias tecnológicas del 2012

Nube, 3G, redes sociales, smartphones, smart TVs, 3D, tablets: hasta hace un par de años estos conceptos no eran parte de nuestro léxico, pero gracias al vertiginoso avance tecnológico hoy son palabras de nuestras conversaciones cotidianas. Por lo mismo, es hora de hacer un breve compendio de la tecnología que nos rodea y de la que trae este año. 


Televisores inteligentes

Comencemos con lo primero que tenemos frente a nuestros ojos: la pantalla. Después de experimentar una más bien lenta evolución tecnológica desde, digamos, la llegada del control remoto, en el último lustro hemos vivido una minirrevolución respecto a cómo es hoy un televisor por dentro. Pero, además, también ha cambiado drásticamente la forma en que accedemos a ver televisión.
Si antes la cosa era encenderla, hacer zapping por algunos canales y aguantar la respiración hasta que apareciera algo digno de interés, hoy la cosa se rige estrictamente por qué queremos ver exactamente en ese instante. Incluso, hoy se podría agregar también el concepto de dónde queremos verlo. Pero vamos por parte.
Estamos de acuerdo en que la vieja "caja idiota" que -de alguna manera- unía a la familia ha cambiado, a pesar de las peleas por el bendito control remoto. En los últimos años hemos visto drásticos rediseños que van de la mano con nuevas tecnologías, las que han permitido que el tamaño de la pantalla crezca considerablemente, que podamos apreciar contenidos en alta definición  y que el cuerpo del televisor permita que su ancho sea de apenas algunos centímetros.
Por otro lado, tras la batalla entre pantallas de plasma y cristal líquido -ambas tenían sus pros y sus contras-el modelo actual se centra en los LED (Light-Emitting Diode), que permiten una mejor visión, equipos aún más delgados y un considerable ahorro de energía.

TV Anywhere

Un detalle que recién se está masificando en nuestros televisores es la posibilidad de conectarse a internet. Es por eso que a los actuales aparatos televisivos se les denomina "smart TVs" o televisores inteligentes. Gracias a esto, desde la tele podemos ingresar a la red no sólo para navegar o quedarnos pegados en YouTube. Además, hay mucho contenido temático local -noticias, clima, etc.- que enriquece aún más la experiencia.  Y también está Netflix, la gran cineteca online que llegó el año pasado a Chile. Con todas estas opciones, bien podríamos decir que contamos con televisión a la carta.
Pero es justamente la opción de Netflix que, complementada con dispositivos móviles, genera lo que la industria está denominando como TV anywhere, o en todos lados. Es la premisa de que hoy se pueden consumir contenidos televisivos desde cualquier parte, ya sea en un celular, una tablet, un PC o el viejo televisor. Da lo mismo. La idea es aquí y cuando yo quiera. Siempre y cuando, claro, tenga una conexión a internet.

Un solo gadget en el bolsillo

La convergencia tecnológica está creando cosas que hace apenas un par de décadas sólo eran posibles en películas de ciencia ficción. Pensemos: hoy un smartphone logra satisfacer la gran mayoría de las necesidades básicas de comunicación social. De paso, ha ido matando todos los gadgets que antes teníamos en nuestros bolsillos: calculadoras, relojes y sus alarmas, reproductores musicales, etc., y, próximamente, cámaras fotográficas, consolas portátiles e incluso nuestra propia billetera.
La convergencia tecnológica de un smartphone logra satisfacer la gran mayoría de las necesidades básicas de comunicación social. Y, de paso, ha ido matando  gadgets como calculadoras, relojes y reproductores musicales. Y próximamente serán cámaras fotográficas, consolas portátiles e incluso nuestra propia billetera.
Pero no nos adelantemos tanto. Por lo pronto, el próximo año seremos testigos de una masificación de aparatos portátiles inteligentes de distintos tamaños, los que tendrán las herramientas para comportarnos dignamente en redes sociales. Las videollamadas, por ejemplo, debieran masificarse gracias a las próximas redes de datos 4G, donde además podremos navegar, transferir archivos (¡Hola, nube!) y comunicarnos virtualmente, como con el computador de la casa.
La diferencia es que los aparatos móviles serán aún más útiles. Gracias a ejemplos de ayuda asistida por voz como Siri, en el iPhone 4S, la próxima oleada de servicios irá por el lado de soluciones hiperespecíficas y geolocalizadas, que dependen del usuario y su ubicación. Algunos analistas ya están llamando a ésta la era post PC.

Videojuegos: La nueva generación

Estamos viviendo los estertores de la actual generación de consolas de videojuegos, la séptima desde que Ralph Baer diseñara la Magnavox Odyssey en 1972. Después de que la industria viera desfilar la evolución tecnológica de estos aparatos de la mano de Atari, Sega e incluso Apple, hoy en día la antorcha la llevan Microsoft, Nintendo y Sony, con sus respectivas consolas. Pero el ciclo de la Xbox 360, la PlayStation 3 y la Wii va llegando a su fin y se comienza a especular acerca de cuáles serán las novedades de la próxima generación de consolas de videojuegos.
El 2012 marcará el inicio oficial de la octava generación con la llegada de la Wii U, la sucesora de la Wii de Nintendo, que fuera presentada hace algunos meses en la feria E3, en Los Ángeles. La gran novedad es que va a contar con un control similar a una tablet, que permitirá tener una pantalla táctil que mostrará distintas cosas o vistas de un mismo juego respecto a lo que se ve en la TV. Hasta ahora, es la única máquina confirmada.
Por otro lado, los rumores vuelan acerca de las próximas plataformas. Microsoft ha anunciado que la próxima Xbox tendrá una fuerte integración con redes sociales, interacción a través de Kinect y servicios de contenido complementarios, acentuando el concepto de la consola como centro de entretenimiento casero.  En tanto, Sony ya tiene disponible la PS Vita en nuestro país, sucesora de su consola portátil PSP, pero no ha dado mayores luces de qué sucederá con una eventual PlayStation 4.  Seguramente en la próxima feria E3 -en junio- habrá más confirmaciones y detalles.

3D: Estereoscopía doméstica

El advenimiento de la estereoscopía en nuestros gadgets cotidianos ha sido algo lento, pero ya está disponible. Si ya ver en cines una película en 3D se ha transformado prácticamente en un estándar para lograr lo máximo en inmersión y entretención digital, ahora la experiencia se ha traspasado a los hogares. Los televisores con capacidad 3D ya son una realidad y, lo mejor de todo, los precios de éstos han ido descendiendo rápidamente. Es cierto que la barrera de los anteojos y el poco contenido disponible hacen que esta característica no sea aún tan atractiva, pero la cosa va cambiando.
En el caso de los computadores caseros, el 3D se aplica de muy buena manera. A través de un par de modernos anteojos y un sencillo periférico, es posible disfrutar de películas, fotografías, videos y, cómo no, videojuegos.
Pero quizás lo más llamativo sea lo logrado con la Nintendo 3DS. La cada vez más popular consola portátil de Nintendo permite jugar videojuegos en estereoscopía, pero sin siquiera la necesidad de lentes. El sistema no es quizás tan profundo como su contraparte con lentes, pero el efecto es bastante logrado. Y funciona.
¿Lo mejor de todo lo anterior? Que hoy tener muchos aparatos conectados a internet en el hogar a través de una misma conexión central -ya sea con cables o vía inalámbrica- es cada vez más fácil y sencillo, como se podrá ver en esta guía. En serio. Bendita sea la tecnología.
Fuente: Qué Pasa